Necesito gritar, y no puedo. Necesito llorar y me avergüenzo. Necesito desahogarme y no lo consigo. Quiero gritar al mundo todos sus defectos, llorar hasta que no me queden lágrimas para hacerlo, desahogarme hasta que las palabras que deseo se conviertan en hechos. Necesito que este mundo sea justo, y que esta sociedad sea comprensible. Escribo por miedo a gritar.
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24 jul 2012

Ironía es que "Leticia" en latín signifique "Alegría".

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Lo siento. Pienso que no puedo escribir. Me ahogo en mis recuerdos, en esta situación, en este capítulo de mi vida que poco a poco se ha ido convirtiendo en una historia entera. Desgraciadamente. Dicen que lloro por cada tontería. Para mi no lo es, es algo muy serio. Algo que me corrompe por dentro. Y por fuera, ya no me quiero, no me cuido. Las ganas de ser feliz se han ido esfumando como el humo a medida que han ido pasando los días. Ya no vale la pena perder el tiempo intentándolo. Ya no vale la pena. Cuando nadie confía en ti, cuando "importas" a la gente, sí, entre comillas. Cuando no entiendes lo que te pasa y no comprendes desatar una palabra desde dentro hasta esta absurda hoja en blanco cual pasará a la posteridad con una lágrima de cuando quise ser feliz y no fui capaz.

1 jul 2012

Se perdió en la inmensidad.

4 comentarios:

Ella miraba al mar, sentada en la orilla. Marea alta. Bruscas olas rompían en la roca de allá. Llovía. Tronaba. Se mojaba pero la daba igual, gotas caían sobre tal inmensidad, pero no pasaba nada, el nivel del mar no subía, no cambiaba. Lágrimas comenzaron a derramarse sobre sus mejillas, pero a ella la daba igual, no podía dejar de contemplar aquel lugar, aquel infinito. Ella seguía llorando, con su vestido blanco, entró al mar. Las lágrimas que entonces se derramaban sobre sus mejillas, ahora se derramaban al mar, y para el mar, sólo eran unas gotas más. Unas gotas que nada cambiarán. ¿O sí? Puede que cambiarían su vida, su forma de pensar, pero ella se sentía pequeña, diminuta como sus lágrimas en ese infinito de agua. Ya todo la daba igual, nadie la quería, ya ni el mar la regalaba una sonrisa. Dos segundos después, fueron a buscarla, era protagonista de artículos en la prensa local. Seres queridos la buscaban, ella se dio cuenta de que todo el mundo la amaba, y que una sonrisa puede cambiar más en el mar, que una lágrima.
A la semana siguiente, sus amigos la ofrecieron un baño en la playa de risas y locuras. Las risas de tanta gente para el mar no eran olvidadas. Sus repetidas sonrisas valían más que mil lágrimas.