Dicen que soy el animal más libre de este mundo. Dicen que la
vida más fácil es la mía, la de los animales de mi especie, que sólo tenemos
que batir nuestras alas para llegar al cielo. Dicen que teniendo alas todo es
perfecto, que puedo volar hasta lo más alto del universo. Más que las cometas
de ese niño en aquel parque. Más que aquellos avioncitos construidos por ese
niño con mero cariño.
Lo soy, tengo la oportunidad de serlo. Yo tengo la oportunidad y ellos no. Son
despreciables. Envidiosos. Son humanos, si tiran piedras a su propio tejado, si
contaminan su mundo, nuestro mundo, yo también vivo en él, ¿qué te puedes
esperar? Estoy en una jaula. Ellos me encerraron. Me baño en un recipiente de
natillas y no en aquel charco, en el charco que yo elija. Como alpiste, no lo
que yo quiera y encuentre. Vuelo en un diámetro de 15 cm y 30 de alto. Y por si
no fuera poco, veo la vida a través de rejas, como los encarcelados, con una
diferencia, yo no fui culpable de nada. Estoy condenado a ver la realidad y no
poder vivirla. No poder volar. Por su culpa. ¿Por qué no me cortáis las alas?
