Necesito gritar, y no puedo. Necesito llorar y me avergüenzo. Necesito desahogarme y no lo consigo. Quiero gritar al mundo todos sus defectos, llorar hasta que no me queden lágrimas para hacerlo, desahogarme hasta que las palabras que deseo se conviertan en hechos. Necesito que este mundo sea justo, y que esta sociedad sea comprensible. Escribo por miedo a gritar.

14 sept. 2012

Sal de aquí.

Hacía meses que no dormía, en su cabeza, él campaba por sus anchas. No salía, no quería salir, o quizá ella lo tendría encerrado con la llave mágica de los momentos que vivieron y “gracias” a esto se han esfumado como el humo. A lo mejor ella se ilusionaba tan fácilmente que siempre caía en las garras del destino.
Sus complejos aumentaban cada mañana, ella no se ve perfecta ni mucho menos, se ve la persona más detestable del tan inmerso universo. Eso, obviamente no ayudaba ni mucho menos, él quizá ya se daba cuenta de lo que ella sentía, de lo que la había hecho sentir. Cada vez menos extensas eran sus conversaciones, cada vez más intensas eran las miradas. Cada vez que ella lloraba, él sufría. 

“Ven, que te seco las lágrimas.”

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