Necesito gritar, y no puedo. Necesito llorar y me avergüenzo. Necesito desahogarme y no lo consigo. Quiero gritar al mundo todos sus defectos, llorar hasta que no me queden lágrimas para hacerlo, desahogarme hasta que las palabras que deseo se conviertan en hechos. Necesito que este mundo sea justo, y que esta sociedad sea comprensible. Escribo por miedo a gritar.

19 jul. 2012

Hoy no va a ser un buen día.


¿Para qué seguir plantando si las cosechas nunca dan buen fruto? ¿Para qué seguir luchando por cada problema si sé que no se va a solucionar? A lo largo de la vida he ido aprendiendo lecciones cuales pueden ocupar bibliotecas enteras. Parece que ninguna la aplico a mi día a día. Puede que no sea capaz de sonreír, puede que las lágrimas inunden mis ojos cuando todos se han ido a dormir. Puede que sea la persona más débil de este mundo. Puede, no sé. Puede que pasen muchas cosas. He de aprender y acostumbrarme que mi día a día nunca va a ser perfecto si pienso. Quiero volver a nacer. Quiero otra oportunidad en esta vida. Quiero un mundo mejor, con más comprensión. Pero lo que yo quiera nunca importa. Por eso ni lo digo, por eso no tengo el valor suficiente de gritar, de decir todo lo que me pasa, puede que ni por escrito deje de temer echar a volar mis sentimientos. Cuento más de millares de veces en las que he sonreído cuando lloraba por dentro, cuando me han apuñalado y he seguido viviendo, yo a eso no lo puedo llamar fortaleza, lo puedo calificar como cobardía o sinónimos. Cuento millares de millones de veces en los que una respuesta positiva a un ¿qué tal? ha sido mentira. Me miento a mi misma, no quiero saber lo que está pasando, no quiero ser consciente.
No sabéis los sentimientos que esconde esta falsa sonrisa. Estos puntos suspensivos. Esta sensación de que las hojas del calendario quieren pasar rápido, supersónicamente. Esta sensación de ser feliz por un momento, pensar y volver a caer en las garras de la tristeza.

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