Hoy
amanecerás viendo los ojos azules de la persona a la que más quieres, o su
dorado cabello. Te levantarás, irás a acompañar a tu princesa a tu castillo,
eres inconsciente a que ese día será el último con ella hasta que viene un tal
Bowser, ese dragón envidioso. Recorrerás mundos, volarás, tendrás que entrar
por tubos, aplastarás bichos, golpearás ladrillos con la cabeza, saltarás sin
saber donde vas a caer, en agua o en fuego, en corrientes de aire o marinas, en
arenas movedizas o el vacío. Matarás ocho veces a ese dragón que siempre
volverá a nacer. Todo esto con un límite de 300 segundos. Finalmente, llegas al
temido Castillo Final, ese laberinto, en el que como mínimo gastas tres vidas
si no te sabes el camino, cuando acabas, te enfrentas contra ese dragón pero
tres veces más grande de lo que era y cinco veces más grande que tú. Lo matas.
Él te devuelve a la princesa. Y al final, beso. ¿Beso real? ¿Beso de
agradecimiento? ¿Para la foto? No lo sé. A lo mejor se ha enamorado de ese
bicho, a lo mejor ya no se acuerda de ti. A lo mejor te reprocha no haberla
buscado sin tener idea de lo que ha pasado. ¿O quizás hayan acabado siendo
felices y comiendo perdices? No lo sé. Y esa es la incógnita del juego, no todas
las princesas son dignas y no todos los príncipes llevan capa y corona, pero sí
todos los príncipes harían todo esto por ti.
Necesito gritar, y no puedo. Necesito llorar y me avergüenzo. Necesito desahogarme y no lo consigo. Quiero gritar al mundo todos sus defectos, llorar hasta que no me queden lágrimas para hacerlo, desahogarme hasta que las palabras que deseo se conviertan en hechos. Necesito que este mundo sea justo, y que esta sociedad sea comprensible. Escribo por miedo a gritar.
29 jul 2012
Mario Bros.
Hoy
amanecerás viendo los ojos azules de la persona a la que más quieres, o su
dorado cabello. Te levantarás, irás a acompañar a tu princesa a tu castillo,
eres inconsciente a que ese día será el último con ella hasta que viene un tal
Bowser, ese dragón envidioso. Recorrerás mundos, volarás, tendrás que entrar
por tubos, aplastarás bichos, golpearás ladrillos con la cabeza, saltarás sin
saber donde vas a caer, en agua o en fuego, en corrientes de aire o marinas, en
arenas movedizas o el vacío. Matarás ocho veces a ese dragón que siempre
volverá a nacer. Todo esto con un límite de 300 segundos. Finalmente, llegas al
temido Castillo Final, ese laberinto, en el que como mínimo gastas tres vidas
si no te sabes el camino, cuando acabas, te enfrentas contra ese dragón pero
tres veces más grande de lo que era y cinco veces más grande que tú. Lo matas.
Él te devuelve a la princesa. Y al final, beso. ¿Beso real? ¿Beso de
agradecimiento? ¿Para la foto? No lo sé. A lo mejor se ha enamorado de ese
bicho, a lo mejor ya no se acuerda de ti. A lo mejor te reprocha no haberla
buscado sin tener idea de lo que ha pasado. ¿O quizás hayan acabado siendo
felices y comiendo perdices? No lo sé. Y esa es la incógnita del juego, no todas
las princesas son dignas y no todos los príncipes llevan capa y corona, pero sí
todos los príncipes harían todo esto por ti.
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QUÉ PRECIOSO :'D
ResponderEliminarEs una pasteladita, jé. ¡Me alegro que te guste! :3
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