Necesito gritar, y no puedo. Necesito llorar y me avergüenzo. Necesito desahogarme y no lo consigo. Quiero gritar al mundo todos sus defectos, llorar hasta que no me queden lágrimas para hacerlo, desahogarme hasta que las palabras que deseo se conviertan en hechos. Necesito que este mundo sea justo, y que esta sociedad sea comprensible. Escribo por miedo a gritar.

29 jul. 2012

Mario Bros.


Hoy amanecerás viendo los ojos azules de la persona a la que más quieres, o su dorado cabello. Te levantarás, irás a acompañar a tu princesa a tu castillo, eres inconsciente a que ese día será el último con ella hasta que viene un tal Bowser, ese dragón envidioso. Recorrerás mundos, volarás, tendrás que entrar por tubos, aplastarás bichos, golpearás ladrillos con la cabeza, saltarás sin saber donde vas a caer, en agua o en fuego, en corrientes de aire o marinas, en arenas movedizas o el vacío. Matarás ocho veces a ese dragón que siempre volverá a nacer. Todo esto con un límite de 300 segundos. Finalmente, llegas al temido Castillo Final, ese laberinto, en el que como mínimo gastas tres vidas si no te sabes el camino, cuando acabas, te enfrentas contra ese dragón pero tres veces más grande de lo que era y cinco veces más grande que tú. Lo matas. Él te devuelve a la princesa. Y al final, beso. ¿Beso real? ¿Beso de agradecimiento? ¿Para la foto? No lo sé. A lo mejor se ha enamorado de ese bicho, a lo mejor ya no se acuerda de ti. A lo mejor te reprocha no haberla buscado sin tener idea de lo que ha pasado. ¿O quizás hayan acabado siendo felices y comiendo perdices? No lo sé. Y esa es la incógnita del juego, no todas las princesas son dignas y no todos los príncipes llevan capa y corona, pero sí todos los príncipes harían todo esto por ti. 

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